Víctor Medina, veterano profesor de Tenis
06/01/26 14:46 | Locales
Tras más de dos décadas al frente de las canchas del club, Víctor Medina repasa la historia de un espacio construido con esfuerzo vecinal y manifiesta su incertidumbre ante el cierre repentino de la actividad por parte de la nueva dirigencia
La historia del tenis en el Club Atlético Libertad no comenzó con grandes inversiones ni presupuestos abultados. Comenzó hace 22 años, cuando Víctor Medina, junto a su sobrino Germán, gestionó ante José Ángel “Manzanita” Nucci la cesión del predio que hoy ocupa el complejo. Lo que hoy es un espacio deportivo de referencia, era entonces un terreno que necesitó 170 camionadas de tierra para nivelarse; una tarea que fue posible gracias a la solidaridad de figuras como Pedro Espina y José Luis Murina, quienes facilitaron la maquinaria necesaria.
Una construcción colectiva
El complejo de tenis es, literalmente, una obra hecha a mano. Medina recuerda con precisión los días de inicio: 'Hicimos las canchas a pulmón. Los chicos del club venían a picar escombro con martillos y el vecino Pampa Pensato nos ayudó con los niveles'. La infraestructura creció con materiales reciclados y donaciones: postes de telefonía desechados para las bases, chapas de la empresa Dreyfus para el techo y el aporte de Hugo Contreras en la iluminación.
Ese esfuerzo edilicio se tradujo pronto en resultados deportivos. Bajo la tutela de los Medina, el club se convirtió en un semillero de profesionales. Nombres como Fiamma Di Pietro, Agustín Persechini, Matías Martínez y Kevin Graizaro no solo destacaron en la competición nacional, sino que se formaron como profesores que hoy ejercen en la región e incluso en el exterior.
El sentido de pertenencia
Más allá de los resultados, el tenis fue pionero en la identidad institucional del club. 'Fuimos los primeros en presentar la camiseta de Libertad en encuentros y torneos, incluso antes que el fútbol', destaca Medina. Durante años, el tenis llevó la bandera de la institución por toda la región y en competencias de interclubes, posicionando a General Lagos en el mapa deportivo.
Un cierre inesperado y el valor del diálogo
A pesar de la trayectoria y el fuerte vínculo con la comunidad —al punto que la familia Medina ha elegido General Lagos como su lugar de residencia definitiva—, el ciclo llega hoy a un punto de conflicto. El cierre actual de las canchas ha generado desconcierto entre los socios y deportistas.
'Fue algo repentino. Entendemos que el club quiera hacer obras y eso nos hace felices porque significa crecimiento, pero no entendemos la postura con el tenis, porque la gente quedó desbandada', explica el veterano profesor. La preocupación radica en la interrupción de los entrenamientos en un deporte que no admite pausas prolongadas de cara a las competencias de febrero y marzo.
A pesar de la nostalgia y la tristeza que genera el retiro de sus pertenencias del predio, Víctor Medina mantiene una postura conciliadora hacia la Comisión Directiva: 'Nos vamos con la tranquilidad de haber hecho todo. Estamos abiertos al diálogo y a cualquier propuesta. Si el club decide que participemos, llegaremos a un acuerdo; y si no, nos damos la mano y nos despedimos con cariño'.
Un legado que echa raíces.
Al mirar los pinos que hoy superan los veinte metros —y que él mismo plantó cuando apenas medían cincuenta centímetros—, Medina resume su paso por el club no solo en trofeos o infraestructuras, sino en las relaciones humanas. 'Lo más grande que me tocó cosechar fueron amigos y ver a chicos que hoy te saludan en la calle y ya ni recordás quiénes son porque pasaron muchos años. Dejamos una huella'.
Mientras el futuro del tenis en el Club Atlético Libertad permanece en suspenso, el legado de la familia Medina queda marcado en la tierra del complejo y en la formación de generaciones de deportistas que aprendieron que, con esfuerzo y sentido de comunidad, los proyectos más ambiciosos pueden hacerse realidad.
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