Profe y alumnas: Yoga al aire libre
28/01/26 16:23 | Locales
'Sentir que los árboles ingresan a mi cuerpo'
Lo que sucede en los espacios verdes de General Lagos va más allá de un simple ejercicio físico. Para las alumnas de Roxana Renzi, las clases de Yoga al aire libre se han convertido en un refugio emocional. Los testimonios coinciden en una palabra: conexión.
'Siento una serenidad vital... el contacto con la naturaleza, el aire fresco y los sonidos' comenta una de las participantes. Otra alumna destaca la profundidad del vínculo con el entorno: 'Siento que el cantar de los pájaros y los árboles ingresan a mi cuerpo. Es maravilloso sentir la naturaleza que el universo nos regala'.
Para muchas, la experiencia roza lo espiritual. 'Mi mente vuela hacia el infinito, no sé cómo expresarlo', confiesa una vecina, mientras que Norma, otra de las asistentes, asegura que la brisa y el entorno la relajan completamente. El pedido del grupo es unánime: que el clima no sea un impedimento. Todas desean que, incluso cuando baje la temperatura, se puedan aprovechar los días soleados para seguir practicando bajo el sol, evitando el encierro del salón mientras sea posible.
La ciencia detrás del bienestar: La palabra de Roxana Renzi
Detrás de esta movida se encuentra Roxana Renzi, quien explica que la fórmula es simple pero poderosa: Yoga + Naturaleza = Energía. Según la profesora, el yoga no solo transforma al practicante en un ser saludable y armonioso, sino que tiene beneficios físicos tangibles.
'El yoga refuerza el sistema inmunológico, mejora el funcionamiento de los órganos y mantiene la columna vertebral elástica y fuerte a través de torsiones que mejoran la irrigación sanguínea', detalla Renzi.
Sin embargo, el plus de realizarlo al aire libre potencia los resultados energéticos:
A nivel energético: La conexión con el sol y el aire puro ayuda a desbloquear los chakras (centros de energía), permitiendo que el Prana (energía vital) circule mejor.
A nivel mental: La práctica en estos entornos facilita la meditación, ayudando a los alumnos a observar y soltar emociones como el miedo, la angustia o la culpa.
'Al aire libre, el alumno siente el aire puro en la piel. El sol, la tierra y los árboles acompañan la conexión para que logren sentirse libres y conectados con su ser interior', explica Roxana.
Un grupo que trasciende el salón
Más allá de la técnica, lo que se ha gestado en General Lagos es una comunidad sólida. Las clases nutren tanto a las alumnas de larga data del Centro de Jubilados y el Centro Cultural, como a quienes recién se integran.
Roxana cierra con una apreciación personal cargada de afecto: 'Se formó un grupo hermoso, son alumnas encantadoras y estoy muy contenta'. Esa misma gratitud es devuelta por sus alumnas en cada 'gracias' que resuena al finalizar la clase, bajo el cielo de General Lagos.
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