EXTRAÑA CONEXIÓN

EXTRAÑA CONEXIÓN

Mímesis

Con un cuento Francisco Frigeri inaugura su participación especial en Notilagos

16/08/13 11:11 | Sociales

Con la mirada fija, en ese momento, observaba solamente una cosa: A su perro. Esa pequeña mascota, casi única y firme compañía suya, le producía tal increíble fascinación, que no podía dejar de observarla. La noción del tiempo era difusa para él, porque estaba abstraído; pero pueden haber sido horas; tiempos de no atender al mundo exterior, ni llamadas, ni amigos, nada. La fascinación por su mascota excedía un capricho o un simple cariño: Iba más allá. Casi ni durmió en la noche analizando todo esto.

Había soñado que era animal. No precisamente un perro, porque era un sueño, y los sueños son vagos, difusos. Era cuadrúpedo, y emitía sonidos similares al ladrido de los Caninos, pero de manera algo más grave y distorsionada. Se aseó, lavó sus dientes, y se dispuso a salir. Antes, se aseguró de que su mascota compañera estuviera sana y salva. Esta dormía plácidamente y, nuevamente, fue objeto de la envidia de su amo. Tuvo que resistir las ganas de quedarse, y salió, raída y atolondradamente, del edificio.

En la calle, la gente era extraña, rara. Le parecía estar en otro lugar, diferente al que conocía. Además, los veía desde abajo al caminar, como si todos fueran más altos. Por otro lado, el hecho más extraño, era que le gustaba caminar, más que de costumbre: Era como si ahora le pareciera más cómodo hacerlo. Tenía comezón en algunas partes del cuerpo. Caminaba, andaba contento, y no le sentía molestia al saber la aparente diferencia de tamaño con respecto al resto de la gente. Le pareció que permanentemente le silbaban, pero seguramente no era más que una impresión.

Un hombre, algo viejo, con un palo intentó echarlo de un lugar. Esto no era novedad ni sorpresa, porque se estaba comiendo la mercancía del negocio: Siempre lo hacía. Casi lo alcanza uno de los proyectiles contundentes, hechos de harina, arrojado por algún miembro del personal. Alcanzó a escapar. Realizó varios intentos más, todos fallidos.

En algún rincón de la ciudad, en alguna plaza desierta, algo le llamó la atención. Había alguien ahí. Una mujer. Lo supo por la manera de moverse, por las pieles que la abrigaban, era toda una señorita. Luego de varias especulaciones, se acercó, y tuvieron contacto: De alguna manera, se comunicaron: Se conocieron y tuvieron un ligero e intenso Romance, que muchos envidiarían por estos días. Pero algo los perturbó, pronto sabrían precisamente qué era esto. En el horizonte, bajo el efecto luminoso del sol, bajo el brillo de la luz diurna, alcanzaron a ver a alguien que venía a buscar a uno de ellos: No era desconocido. Era la mascota de uno de ellos, ese al que se había dejado durmiendo en el departamento, que ahora venía a buscarlo. Tenía una correa, y reclamaba el retorno de su amo.


Francisco Frigeri

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