Padre Javier Perelló

Padre Javier Perelló

SABIDURÍA Y PRUDENCIA: LAS VIRTUDES DE LA PERFECCIÓN

Homilía del Padre Javier Perelló

10/10/21 11:34 | Locales

El padre Javier Perelló presidió una nueva misa en la Iglesia San José de General Lagos, y en su homilía se refirió al cultivo de dos enormes virtudes, que valen más que todo el oro del mundo, y a las que hay que aspirar antes que a nada: la sabiduría y la prudencia.

“El primer libro hablaba sobre dos virtudes fundamentales en nuestra vida: primero, ser prudentes, para no meter la pata. A veces uno, por querer hacer las cosas apresuradamente, sin conocer, no piensa en lo que hace. La segunda es la sabiduría, que nos lleva a elegir lo mejor, porque a veces se nos van las ideas, nos confundimos y no sabemos qué hacer. En este caso, el hombre tenía mucho dinero. Pero la sabiduría y la prudencia valen más que todo el oro del mundo. Por eso es un don que tenemos que pedir de lo alto, para aprender a ser pobres, y para aprender a ser ricos. En definitiva, para aprender a ser hombres, porque si no tenemos estas virtudes, por más ricos que seamos, seremos injustos, y dejaremos a nuestras familias y amigos. Tiraremos la plata, sin importarnos la sabiduría que conlleva. Si tenemos muchos recursos, y no sabiduría, pensaremos que todo pasa por nuestros bienes materiales”.

Dos actitudes fundamentales, para el hombre rico y para el pobre, porque también se puede ser pobres, y provocar, vivir enojados, y molestar a las otras personas: “Es una persona necia, que no tiene sabiduría ni prudencia, porque todo lo que se le ocurre decir lo dice, y lo que piensa lo hace, sin importar el daño a los demás. Estas virtudes no se pueden comprar, ni irlas a buscar a un lugar. Hay que pedírselas a Dios, rezando y orando mucho. Ser sabios y prudentes”

Todas las injusticias que vemos en el mundo, incluso en nosotros mismos, entre padres, parejas, sacerdotes, pueblos y autoridades, provienen de la ausencia de una de estas dos virtudes: “Nos lleva a la división, a la bronca, al enojo, a separarnos, piensen cómo sería con algún mango más en el bolsillo. Podemos hacer cualquier desastre ni cometer cualquier injusticia, y no porque la riqueza sea mala o buena, sino porque nos falta ser prudentes y sabios”

Jesús pide que no nos aten las cosas que nos impiden hacer el bien. A veces es el dinero, pero otras veces es el orgullo, la soberbia, la división, el enojo. Todo lo que nos obstaculiza crecer y mejorar como personas, debemos desprenderlo: “El dinero es eso en lo que más experiencia tenemos. Por ejemplo, cuando tenemos un poco más, nos cuesta gastarlo, nos ponemos como más codiciosos, avaros o ambiciosos. Esto pasa en el trabajo, en la familia. Primero compartimos, pero luego gastamos menos. Es cierto que las cosas cuestan y que cuesta ganarlo, pero no debe estar en juego la vida de mi familia, y de mis amigos, por querer tener más. Nos puede pasar a todos, cuando no tenemos esa sabiduría. No sabremos discernir, y seremos malos, y ricos malos, porque falta la virtud en el corazón. Nos tenemos que preguntar: ¿qué es más importante, tener más amigo y a mi familia conmigo, o tener más bienes. El tiempo compartido o el tiempo esclavo? Ser prudentes tampoco es fácil. Debemos pedirle a Jesús estas dos virtudes, para poder aprovechar más el tiempo con quienes nos rodean, y vivir mejor la vida”

Notilagos

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